sábado, 2 de julio de 2011

No Existe Continuidad entre Los Natzratim y El Cristianismo

Centro de Estudios MAOR BAOLAM

En nombre del R' Iehoshua de Natzrat

www.natzratim.com

NO EXISTE CONTINUIDAD ENTRE LOS NATZRATIM Y EL CRISTIANISMO


Uno de los puntos que claramente quedan aclarados a través de este escrito es que NO EXISTE CONTINUIDAD de los Natzratim a la Iglesia cristiana-romana, que aunque comenzaba a desarrollarse como concepto a finales del siglo I, tomó fuerza en el año 135 E.C con la expulsión de los judíos de Jerusalén.



NO EXISTIO UN PAPA LLAMADO ‘SAN PEDRO’



Esta leyenda es falsa de principio a fin, y está demostrado históricamente. Las notas de Samuel Vila en la edición de ‘Historia Eclesiástica’ editada por CLIE, dice:

“Debemos recordar aquí que Eusebio escribía en el siglo III... siendo uno de los que se empeñaba en formar una Iglesia Universal Unitaria basada en el obispo de Roma... En cuanto a Pedro, hay sí una tradición bastante digna de confianza que dice que murió en Roma, pero no se puede afirmar que estuviera por muchos años dirigiendo la iglesia de aquella capital. La primera noticia, bastante antigua, que tenemos acerca de Pedro en Roma es del año 120 d.C. y se refiere nada más al hecho de que murió crucificado en aquella ciudad juntamente con San Pablo, que fue decapitado. Sobre un posible servicio como obispo en Roma no tenemos noticias concretas, pero sí muchas en contra de tal suposición. Veámoslas: Según los Hechos de los Apóstoles, San Pedro se quedó en Jerusalén después de la muerte de Esteban. San Pablo, diecisiete años después de su conversión (que no ocurriría sino años después de la muerte de Cristo), encontró al apóstol San Pedro ejerciendo todavía su ministerio en Jerusalén y alrededores (Gálatas 1:18 y 2:1). Entonces convinieron los dos grandes apóstoles, juntamente con Jacobo y Juan, que San Pedro dirigiría la obra entre los judíos y el apóstol Pablo entre los gentiles (Gálatas 2:7-10). Esta división de territorio excluye la posibilidad de que San Pedro ejerciese ningún pastorado en Roma, y menos que durase 25 años como dicen los católicos, y que para ello... su muerte habría tenido que ocurrir por lo menos 90 años más tarde de la fecha en que la tradición a que nos hemos referido fija el tiempo de su muerte... Si San Pedro no ejerció el obispado en Roma, mal podía nombrar a un sucesor, no existiendo además ningún documento del siglo apostólico que lo acredite, ya que esta historia de Eusebio es del año 314 d.C. y los escritos apostólicos más bien lo contradicen, como hemos visto. Si en una de sus cartas el apóstol Pedro hubiese dicho: “Dejo el encargo de mi pastorado a Lino o a Clemente”, no existiría argumento en el protestantismo para no aceptar la designación sucesoria... Respecto al hecho de que Marcos escribió su Evangelio por la instrucción de Pedro, tenemos la confirmación de Papias, mientras que ni éste ni nadie de los siglos I y II hacen afirmaciones concretas respecto al obispado en Roma. Del siglo II tenemos una carta de Clemente a los Corintios, en la cual no se presenta como obispo de Roma ni como jefe universal de las iglesias cristianas” (Historia Eclesiástica, Libro II, Nota 40, pg. 127).



JUSTINO MARTIR (100-165 E.C.), UNA PRUEBA DE LA INCONTINUIDAD TEMPRANA



El cristiano Justino Mártir vivió desde el 100 al 165, o sea en una época ‘temprana’ donde hace apenas unos cien años que Iehoshúa de Natzrát se había ausentado físicamente de entre sus discípulos, sin embargo es asombroso lo temprano de la Apostasía. Justino ha dejado un escrito titulado ‘Diálogo con Trifo’, en él podemos ver claramente como ya a mediados del II siglo el Cristianismo abiertamente declaraba no tan solo que no observaban la Torá, sino que vivían como el resto de las naciones, y aun así no cesaba el deseo de suplantar a Israel como pueblo escogido. Es decir que la doctrina Cristiana que enseña que ‘No hay que guardar la Ley’ y ‘Quien guarda la Ley no tiene salvación’, no es moderna sino que viene desde tiempos antiguos. Esto indica que hubo un giro de 180º de lo que trasmitieron los Emisarios y dejaron por escrito en los Kitvé Talmidim Rishonim. He aquí algunos versículos en que los Emisarios instruyen a la observancia de la Torá: Maasé Hashlujím (Hechos 15.19-21; 21.17-27; 28.17); Carta de Iaaqov (Jacobo 1.22-25; 2.14-26); I Igueret Lazar (1Jn.1.4-7; 2.2-7; 3.3-8; 21-24; 5.2-3); II Igueret Lazar (2Jn.1.4).

Observemos el escrito de Justino Mártir: Diálogo con Trifo, un judío, 47-49:

[47,1] Y Trifo preguntó de nuevo: –Y si uno quiere guardar la ley mosaica, a sabiendas de ser cierto lo que tú dices, si bien, claro está, reconociendo que Jesús es el Cristo, creyéndole y obedeciéndole, ¿ése se salvará? Y yo [contesté]: –Según a mí me parece ¡oh Trifo! –le respondí-, afirmo que ese tal se salvará, a condición de que no pretenda que los demás hombres, quiero decir, los procedentes de las naciones que están circuncidados del error por Jesucristo, deban guardar de todos modos lo mismo que él guarda, afirmando que de no guardarlo, no puede salvarse; que es lo que tú hiciste al comienzo de nuestros razonamientos, afirmando que yo no me salvaría si no observara vuestra ley.

[47,2] Y él replicó: – ¿Por qué dijiste “según me parece”, sino porque hay quienes dicen que los tales no se salvarán? Yo respondí: –Los hay, Trifo, y hay quienes no se atreven a dirigir la palabra ni a ofrecer su hogar a esos tales; pero yo no convengo con ellos; que si por la flaqueza de su inteligencia siguen aún ahora guardando lo que les es posible de la ley de Moisés, aquello que sabemos que fue ordenado por la dureza de corazón del pueblo, como juntamente con ello esperan en Cristo y quieren guardar lo que es justo y piadoso eterna y naturalmente y se dedican a convivir con los cristianos y creyentes y no intenten, como dije, persuadir a los demás a circuncidarse como ellos, a guardar los sábados y demás prescripciones de la ley, estoy con los que afirman que se les debe recibir y tener con ellos comunión en todo, como hombres de nuestro sentir y hermanos en la fe.

[47,3] Aquellos, en cambio. ¡Oh Trifo! –proseguí–, de vuestra raza que dicen creer en Cristo, pero pretenden obligar a todo trance a los que han creído en Él de todas las naciones a vivir conforme a la ley de Moisés, o que no se deciden a convivir con éstos; a ésos, digo, tampoco yo los acepto como cristianos.

[47,4] Sin embargo, a los que éstos persuaden a que vivan conforme a la ley, supongo que tal vez se salven, con tal que conserven la fe en el Cristo de Dios. Los que sí afirmo que no pueden absolutamente salvarse son los que, después de confesar y reconocer que Jesús es el Cristo, se pasan por cualquier causa a la vida de la ley negando a Cristo, y no arrepintiéndose antes de la muerte. Y de modo igual afirmo que no han de salvarse, por más que sean descendencia de Abrahán, los que viven según la ley, pero no creen antes de su muerte en Cristo, y sobre todo aquellos que en las sinagogas han anatematizado y anatematizan a los que creen en este mismo Cristo, para alcanzar la salvación y librarse del castigo del fuego.

[48,1]... Porque [afirma Trifo] decir que ese vuestro Cristo preexiste como Dios antes de los siglos, y que luego se dignó nacer hecho hombre, y no es hombre que venga de hombres, no sólo me parece absurdo, sino necio.

[48,4] Porque, amigos [dice Justino], hay algunos de vuestro linaje, que lo confiesan como el Cristo, pero afirman que es hombre nacido de hombre, con los cuales no estoy de acuerdo, ni aun cuando la mayor parte de los que piensan como yo dijeran eso. [49,1] Y Trifo dijo: –A mí personalmente me parece que dicen cosas más creíbles los que afirman que éste fue hombre y que por elección fue ungido y hecho así Cristo, que no vosotros al decir lo que tú dices

(Traducción de D. Ruiz Bueno, Padres Apologistas Griegos, Madrid 1979, BAC 116, pp. 379-382).


En el Cap. X de ‘Dialogo con Trifo, un judío’ Justino dice:

“¿Hay alguna otra cuestión, amigo mío, en la cual nosotros somos culpables, además de ésta, que nosotros vivimos no según la Ley, y que no somos circuncidados en la carne como vuestros padres fueron, y que no observamos los sábados como ustedes lo hacen? ¿Son nuestras vidas y costumbres difamadas entre ustedes? Y yo pregunto esto: ¿Piensan ustedes concerniente a nosotros que comemos hombres; y que después de la fiesta, habiendo extinguido las luces, nos juntamos en promiscuidad? ¿O ustedes nos condenan solamente en esto, que nosotros seguimos tales dogmas, y creemos en una opinión, falsa, como ustedes piensan?


De esto es lo que nosotros nos admiramos,” dijo Trifo, “pero esas cosas sobre las que la multitud habla no son merecedoras de creer; porque son repugnantes a la naturaleza humana. Por otra parte, yo estoy consciente de que vuestros preceptos en el llamado Evangelio, son tan maravillosos y tan grandiosos, que yo sospecho que nadie puede guardarlos, porque yo los he leído cuidadosamente. Pero en esto es en lo que nosotros estamos mayormente sin entender: En que ustedes, profesando ser piadosos, y suponiendo ser mejores que otros, no son en nada particular separados de ellos, no cambian vuestro modo de vida de las naciones, En que ustedes no observan ninguna fiesta o sábados, y no tienen el rito de la circuncisión, y mas allá, descansando vuestras esperanzas en un hombre que fue crucificado, esperan obtener alguna cosa buena de Dios, mientras que no obedecen Sus mandamientos. ¿No han leído, que el alma de quien no se halla circuncidado en el octavo día va a ser cortada de su pueblo? Y esto ha sido ordenado para extranjeros y para esclavos igualmente. Pero ustedes, desdeñando éste pacto impetuosamente rechazan el deber e intentan persuadirse ustedes mismos de que conocen a Dios, cuando, sin embargo, no realizan ninguna de las cosas que aquellos que temen a Dios hacen. Si, por lo tanto, ustedes pueden defenderse en estos puntos, y poner de manifiesto de que forma ustedes esperan por algo sin obedecer la Ley, esto nos alegraría oír de ustedes, y nosotros haremos otras investigaciones similares”.


Cap. XI de ‘Dialogo con Trifo, un judío’ – La Ley fue abrogada; el Nuevo testamento prometido y dado por Dios. Dice Justino:

“No habrá otro Dios, Oh Trifo, no había desde la eternidad ninguno otro existiendo, sino que Él es quien hizo y dispuso todo este universo. No pensamos que hay un Dios para nosotros y otro para ustedes, sino que El solo es el Dios que condujo a vuestros padres fuera de Egipto con una mano fuerte y un brazo extendido. No confiamos en cualquier otro (porque no hay otro), sino en Él, en quién ustedes también han confiado, el Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob. Pero no confiamos a través de Moisés o a través de la Ley; porque entonces nosotros haríamos igual que ustedes mismos. Pero ahora he leído que habrá una ley final, y un pacto, el principal de todos, que ahora incumbe a todos los hombres a observar, todos los que están buscando de la herencia de Dios. Porque la ley promulgada en Horeb es ahora vieja, y pertenece solamente a ustedes mismos; pero esta otra es para todos universalmente. Ahora, la ley puesta contra de la ley ha abrogado la que está antes que ella, y un pacto que viene después en modo semejante pone un fin al anterior; y una ley eterna y final -- es decir, Cristo – ha sido dada a nosotros, y el pacto es digno de confianza, después de lo cual no habrá ley, ningún mandamiento, ninguna ordenanza... Si, por lo tanto, Dios proclamó un nuevo pacto que debía ser instituido, y esto para una luz de las naciones, vemos y somos persuadidos que los hombres se acercan a Dios, dejando sus ídolos y el otras injusticias, a través del nombre de él quien fue crucificado, Jesús Cristo... Por otra parte, por los hechos y por los milagros acompañantes, es posible que todos entiendan que él es la nueva ley, y el nuevo pacto, y la expectativa de los que fuera de cada gente esperen las buenas cosas de Dios. Para el verdadero Israel espiritual, y los descendientes de Judas, Jacob, Isaac, y Abraham, somos nosotros los que hemos sido conducidos a Dios a través de este Cristo crucificado, como serán demostrados mientras que procedemos”.


Cap. XXIX de ‘Dialogo con Trifo, un judío’ – Cristo es inútil para aquellos que observan la Ley:

"Glorifiquemos a Dios, todas las naciones juntas; porque El también nos ha visitado. Glorifiquémoslo por el Rey de la gloria, por el Señor de los ejércitos. Porque él ha sido gracioso hacia los Gentiles también; y nuestros sacrificios él estima más agradecido que los vuestros. ¿Qué necesidad, entonces, tengo yo de la circuncisión, que he sido atestiguado por Dios? ¿Qué necesidad tengo yo de ese otro bautismo, que he sido bautizado con el Espíritu Santo? Pienso que mientras que menciono esto, persuadiría incluso a los que se poseen escasa inteligencia. Porque estas palabras ni han sido preparadas por mí, ni embellecidas por el arte del hombre; sino que David las cantó, Isaías las predicó, Zacarías las proclamó, y Moisés las escribió. ¿Tú las conoces, Trifo? Están contenidas en vuestras Escrituras, más bien no vuestras, sino nuestras, porque nosotros las creemos; pero ustedes aunque las leen, no captan el espíritu que está en ellas. No se ofendan o no nos reprueben por la incircuncisión corporal con la cual Dios nos ha creado; y no piensen extraño porque bebemos agua caliente en el Sábado, puesto que Dios dirige el gobierno del universo en este día igualmente como en todos los otros; y los sacerdotes, como en otros días, ofrecen sacrificios...”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario