lunes, 5 de mayo de 2014

¡No Quiero Llorar por mis Hijos!

por Avdiel Ben Oved


"No lloréis por mí; llorad más bien por vosotros mismos y por vuestros hijos..."

- Rabí Iehoshua de Natzrat.


El exilio romano en que estamos viviendo nunca antes había sido experimentado, es la evidencia de nuestro mayor fallido como pueblo ejemplar desde el siglo I de la Era Común. ¿Cómo es que algunos pueden hablar de "el Bet Din inigualable del primer Templo", "los grandes Jajamim de la época del Primer Templo", y "las grandes escuelas de sabios del primer siglo"? Si estábamos tan "bien", ¿por qué la destrucción del Templo y el exilio? La pregunta es: ¿Qué hicimos mal?

Cuando el Mashiaj (nuestro Rav, Luz de luces, Justo de los justos, despreciado por la mayoría de los líderes) se dirigía a su martirio (acusado por las autoridades de nuestro pueblo), había una gran multitud del pueblo y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él. Pero él, con una gran percepción de la realidad, les dijo: "No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos... Porque si en el árbol verde (el Tzadik) hacen esto, ¿qué sucederá en el seco? (la gente común)".

Imagínate, si tan grande fue el mal que recibimos por menospreciar al Tzadik, ¿cuán grande será el bien al acogerlo y vivir según su enseñanza? Si queremos ver un Israel irradiando luz, tenemos que revertir el pasado. La pregunta es: ¿Qué estas haciendo por procurar este bien nacional? Si tienes oídos para oír, ¡no quedes como mediocre ante mago llamado! Comienza hoy, restaura tu casa, tu vida, vive una vida justa con decoro según lo estipula la Torá y las Mitzvot, y consecuentemente esto impactará a todos tus hermanos la Casa de Israel, y mereceremos todos la Gueulá.


(Extraído del grupo Tenuat haNatzratim en Facebook)

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